PREGUNTALE A ALVERONI...
EL AUSENTE PRESENTE!
A diez años de su partida, nuestro querido Luis continúa atendiendo en la extensión de su cálida familia todas las consultas bibliográficas de los profesionales que acuden a su Librería-Editorial de excelencia!
Nos sumamos a la fiel semblanza de su persona que publicara el Dr. Luis R. Carranza Torres.
Amigo y tocayo. Mi primer editor y, por lejos, quien más me editó. Un amigo leal y un consejero todo terreno. Quien me dio, apenas salidos de la facultad, la oportunidad de editar una obra jurídica. La primera de todas. Siempre le agradecí eso.
Queda claro que me comprenden las generales de la ley al evocarlo. Pero no por eso creo dejar de ser veraz. Luis Dante Alveroni era un tipazo. De esos que uno encuentra contadas veces en la vida. Diez años pasaron ya desde su partida. Por eso el recuerdo. Como los dos teníamos el mismo primer nombre, le adicionábamos el segundo cuando hablábamos. Un guiño de amistad cómplice, entre nos, que inició él y que por eso empleo en esta evocación. Nada más justo. Llevaba los libros en la sangre, podría decirse. Una persona jovial, de palabras justas, pero valores y sentimientos inmensos. A lo largo de más de diez libros, jamás firmamos un contrato de edición. Jamás hubo la menor diferencia en esos acuerdos orales. Hablar de la actividad de Luis Dante es también hacerlo de Adriana, su esposa y compañera de toda la vida. Pocas parejas he visto con mayor sinergia. Libreros ambos con mayúsculas.
Para caracterizar a Luis Dante, debemos entenderlo no sólo como un empresario sino también como una figura central en la configuración del ecosistema intelectual de Córdoba.
Tenía una profesión a la que, por ahí el valor del libro como objeto cultural, eclipsa. Pero no por ello carece de abolengo. El librero ha sido, a lo largo de los siglos, una mezcla entre un artesano, un contrabandista de ideas, un agente cultural y un aristócrata del intelecto.
Del bibliopola de la Roma clásica, al estacionario (stationarius) en las inmediaciones de las universidades a partir del siglo XII y asociado a ellas, hasta el impresor-librero luego de la invención de la imprenta (c. 1440).
En cuanto a emprendimiento organizado, podemos ir de la librería erudita de la Ilustración a la moderna de consumo masivo y luego al retorno de la librería de autor.
En este universo evolutivo, Luis Dante encarna el paso del librero de local al editor de prestigio; alguien que, por seriedad y calidad de obras, fue un puente vital entre la doctrina académica y las necesidades que el foro demandaba en el ejercicio de la profesión.
Luis Dante no fue un librero accidental. Su trayectoria refleja la versión moderna, a caballo entre el siglo XX y el XXI, de esa tradición clásica del siglo XIX, cuando el librero conocía tan bien las necesidades de sus clientes que terminaba por “fabricar” los libros que ellos necesitaban.
Identificó que el mundo del Derecho en el interior del país dependía excesivamente de las ediciones de Buenos Aires o España. Su gran acierto fue territorializar el conocimiento jurídico.
Su sello, Alveroni Ediciones, se convirtió en un sinónimo de textos universitarios -primero- pero también luego de obras de derecho con una orientación principal eminentemente práctica. Editaba para ese mundo que conocía muy bien, de los abogados litigantes o de aquellos que se desempeñaban al otro lado del mostrador, en tribunales.
Rompió, en más de un sentido, el monopolio editorial porteño. Gracias a él, entre otros, la doctrina jurídica cordobesa, famosa por su rigor intelectual, pudo exportarse a todo el país y -aun- a Latinoamérica.
La Librería Alveroni no era sólo un local de ventas; funcionaba como un punto de encuentro informal. Era el lugar donde los jueces, litigantes y catedráticos se cruzaban "entre anaqueles", manteniendo viva la tradición de la librería como espacio de sociabilidad.
Haciendo una suerte de encuesta informal entre quienes lo conocimos, por mayoría se destacaron tres pilares fundamentales de su carácter profesional. Uno, el “olfato editorial”. Tenía una habilidad especial para detectar temas emergentes o poco tratados en el Derecho (reformas constitucionales, nuevos códigos, leyes sin comentar) antes de que se volvieran tendencia.
Un segundo pilar era el compromiso con el autor. A diferencia de las grandes corporaciones editoriales, Luis Dante mantenía un trato personal y directo con sus autores. El proceso de edición era un diálogo, una costumbre hoy casi extinta en la era del procesamiento masivo de textos.
El tercero, fue la austeridad y la persistencia en la gestión. Construyó una librería, primero, y un sello editorial, luego, en un país con crisis económicas cíclicas. Su persistencia es un rasgo típico de los grandes libreros históricos: la capacidad de sobrevivir a las tormentas mediante el manejo inteligente del stock y la fidelidad de la clientela.
Su legado hoy, desde lo profesional, pasa por ser una referencia de cómo debe gestionarse un texto jurídico, en las múltiples dimensiones que asume: desde su producción hasta su difusión y venta.
Pero su caracterización no estaría completa si no se menciona que logró lo más difícil en el mundo del libro: que su apellido se convirtiera en un adjetivo de confianza. "Preguntá en Alveroni" ha sido una frase común en él muchas veces complejo, por no decir complicado, mundo foral cordobés.
Se te extraña, amigo. Mucho. Y no soy el único con ese sentimiento.
Por: Luis R. Carranza Torres
«Comercio y justicia» viernes 17 de abril de 2026 - año 87 - nº 24.848.