10% OFF CON TRANSFERENCIA BANCARIA / HASTA 6 CUOTAS SIN INTERÉS A PARTIR DE $ 100.000 / ENVÍO GRATIS A TODO EL PAÍS

 
Por Adriana Gafos y Karina Chavez*

 

LEY 27.130: PREVENCIÓN AL SUICIDIO Y SU INCIDENCIA EN LAS POLÍTICAS PÚBLICAS DE SALUD MENTAL


El pasado 10 de Septiembre se conmemoró “El Día Mundial de la Prevención del Suicidio” (DMPS), organizado por la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (IASP), avalado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), cuyo objetivo es crear conciencia acerca de la prevención del suicidio en todo el mundo.
Según informes elaborados por UNICEF (2019), los casos de suicidio en la adolescencia se triplicaron en los últimos 30 años.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) destaca que el suicidio infanto-juvenil se ha convertido en la segunda causa principal de muerte (después de los accidentes de tránsito), a nivel mundial, entre adolescentes y jóvenes de 15 a 29 años de edad (OPS/OMS, 2014), siendo que, la cifra de muertes por esta causa ascendió a 12,7 cada 100.000 adolescentes, ubicados dentro de esta franja etaria (UNICEF, 2019). La situación en Argentina está en línea con la tendencia internacional.

Por ello, es importante saber reconocer a tiempo los signos de alarma, pedir ayuda y derribar estigmas en torno a la salud mental.

Focalizando en lo que a la República Argentina refiere, el Estado nacional ha avanzado en el tratamiento de esta problemática, a partir de la sanción de leyes específicas (Ministerio de Salud de la Nación Argentina [MSNA], 2021).

Un primer paso dado en tal sentido se produjo, en el año 2005, tras la sanción de la Ley Nacional N°26.061 - de Promoción y Protección Integral de Derechos de Niñas/os y Adolescentes; norma que no sólo reconociera a los niños, niñas y adolescentes, como sujetos de derechos, sino que permitiera la consideración de las conductas autolesivas, intentos de suicidio o suicidios consumados, como situaciones de grave vulneración de derechos, frente a las cuales corresponde al Estado nacional, provincial y municipal, en concordancia lo establecido en la Constitución Nacional, la Convención sobre los Derechos del Niño, demás tratados de derechos humanos ratificados por el Estado argentino y el ordenamiento jurídico nacional, el diseñar, planificar, coordinar, orientar, ejecutar y supervisar las políticas públicas, de gestión estatal o privadas, destinados a la garantía, promoción, y protección de los mismos. (MSNA, 2021).

Otra de las normas a considerar es la Ley Nacional N° 27.130, de Prevención del Suicidio. Sancionada en el año 2015, y amparándose en el cambio de paradigma que introdujo la Ley Nacional N° 26.657/2010 de Salud Mental, dicha norma declaró, como de interés nacional, la atención biopsicosocial, la investigación científica y epidemiológica, la capacitación profesional en la detección y atención de las personas en riesgo de suicidio y la asistencia a las familias de víctimas del suicidio.

A la par, estableció, como objetivos prioritarios, el abordaje coordinado, interdisciplinario e interinstitucional de la problemática; el desarrollo de acciones y estrategias para lograr la sensibilización de la población; el desarrollo de los servicios asistenciales y la capacitación de los recursos humanos, a fin de la creación de redes de apoyo, prevención, detección de personas en riesgo y tratamiento de las mismas. (MSNA, 2021).

Normas que dan cuenta del inicio de un cambio sobre el que se debe profundizar, no sólo a nivel normativo, sino también social. Debemos  comprender que por medio de la concientización se puede marcar la diferencia y está en cada uno de nosotros ponerla en práctica como miembro de la sociedad y en el ejercicio de diferentes roles: padres/madres, educadores, profesionales de la salud etc. para prevenir la conducta suicida.

Otro elemento preocupante para destacar es que por cada joven que consigue suicidarse, existen otros veinte que lo han intentado, pero sin  conseguirlo fehacientemente (lo cual no implica, no quedar con secuelas físicas, psíquicas y emocionales, a raíz de esto).

Pese a tratarse de un fenómeno multifactorial (la muerte autoprovocada nunca es el resultado de un sólo factor o hecho), diversos estudios coinciden en señalar la existencia de una serie de situaciones que, de forma combinada, pueden incidir, fuertemente, en la conformación psíquica y emocional de los jóvenes, tornándose más proclives al desarrollo de conductas autolesivas o suicidas. Factores con cuyo peso resulta difícil de poder lidiar, principalmente, durante los primeros años de la vida; etapa de conformación de la estructura psíquica de los sujetos y de fuerte socialización de los mismos.

Entre éstos, UNICEF (2019) destaca: la ausencia de personas significativas o instituciones que puedan contener, sostener, proteger y acompañar a los chicos y las chicas en su desarrollo psicosocial; las dificultades para cumplir con los estándares sociales aceptados al momento de atravesar la transición de la juventud a la adultez; el padecimiento mental no atendido; y las distintas formas de acoso, abuso y/o violencia (no sólo de carácter sexual), entre otros factores que podrían precipitar la decisión de suicidio infanto-juvenil.

El estigma social y la falta de conciencia siguen siendo los principales obstáculos para la búsqueda de ayuda para el suicidio.

Desde la Dirección General de Salud Mental del Ministerio de Salud de la Ciudad, a cargo de Horacio Rodríguez O'Connor, detallan que una persona tiene que estar atenta si alguien presenta continuamente alguna de las siguientes actitudes:

  • Expresa no querer vivir más, mencionando oraciones como: “Quiero dormir y no despertar”.
  • Manifiesta sentimientos de impotencia, tristeza e inutilidad, como si fuese “una carga”.
  • Tiene sensación de fracaso y/o pérdida de intereses.
  • Presenta pérdida de autoestima y/o ideas de desesperanza.
  • Tiene dificultades para comer o dormir por muchos días.
  • Se aísla más de lo habitual de familiares y amigos.
  • Se encuentra sufriendo una o varias pérdidas (financieras, trabajo, seres queridos).
  • Aumenta o inicia consumo de alcohol u otras drogas.

En estos casos se recomienda, como primera medida, hablar del suicidio de manera abierta, ya que evitar el tema solo genera más estigma y aislamiento. Es decir, que no sea un tema tabú. Por otro lado, no se debe desestimar si un familiar, amigo, o conocido expresa intenciones o ideas suicidas, sino que al contrario, es importante generar un espacio de escucha y contención emocional.

Lamentablemente, las cifras de suicidios se incrementaron con la pandemia, y el segmento entre 15 y 19 años es el más afectado; si bien se trata de un fenómeno global, en la Argentina se sumó la variable de un confinamiento más prolongado.

Muchos adolescentes que ya tenían problemas psiquiátricos se vieron obligados a interrumpir sus tratamientos. Muchas terapias presenciales y hospitales de día se suspendieron por política sanitaria. Los pacientes más graves tuvieron menos oportunidad de ser tratados y asistidos en una forma intensiva presencial. A la vez, estos adolescentes pasaron a convivir las 24 horas en un medio familiar que muchas veces es disfuncional, agresivo, disruptivo. Eso llevó a un empeoramiento de su salud mental, que en algunos casos derivó en suicidio o intento de suicidio.

En general, los jóvenes que intentan suicidarse tienen la sensación de no poder aprobar las pruebas vinculares de la edad,  que tienen que ver, por ejemplo, con la posibilidad de tener amigos, pareja y un buen rendimiento escolar e incluso laboral.

También las víctimas de abusos sexuales, que se ven impedidas de denunciar o no reciben tratamiento adecuado, suelen tener comportamientos autolesivos, e ideas suicidas.

El bullying, también es un factor determinante de ideas suicidas en adolescentes; la burla constante de pares, la falta de pertenencia a un grupo, la hostigación, el aislamiento, suelen ser conductas padecidas por los jóvenes y soportadas en soledad.

Muchas veces, la mirada adulta de determinadas situaciones, la minimización de las mismas, no hace más que hundir  en la depresión a quien está padeciendo estos tipos de abuso.

Una “gastada” de un compañero, un apodo que genera risas entre los pares, la falta de autoestima, de confianza, favorecen para que los padecimientos no puedan ser exteriorizados, en la falsa creencia, que si manifiestan su malestar o piden ayuda a un adulto serán aún más burlados, o desvalorizados por sus pares, y hasta por su propia familia.

Cuántas veces, escuchamos decir, o decimos: “cómo vas a ponerte mal por esa pavada”, “tenés que saber defenderte”, ya estás grande, “tenés que hacerte valer solo”.

Todos tenemos una personalidad que nos hace únicos, y forjarla no es una tarea sencilla. Muchas veces como adultos nos cuesta enfrentar distintas situaciones que no sabemos cómo manejar, pero exigimos a nuestros hijos, hermanos, amigos que “sepan cómo hacerlo”.

Esa imposición  constante a convertirse en adultos sabios, fuertes, seguros, triunfadores, inteligentes, pueden generar una presión en el adolescente de una magnitud tal, que puede desembocar en una depresión, adicción, agresividad que lo impulsan a creer que su vida no tiene ningún sentido, que no son buenos para nada.

“Dolores constantes de cabeza, de estómago, deserción escolar, insomnio, agresividad, llanto desmedido, aislamiento” son síntomas que no necesariamente indiquen que se está en presencia de un adolescente con ideas suicidas, pero sí deben ser pautas de alarma para sentarnos a dialogar con ese joven, e indagar qué le está ocurriendo y si es necesario contactar con un profesional de la salud, para ayudar no solo al joven sino a su entorno.

Esta es la mejor manera de prevenir y disminuir la tasa de suicidios en nuestra sociedad.

Jess Browne, una mujer cuyo hijo se suicidó en 2020 en la Argentina, habla de “grandes agujeros en el sistema” y advierte sobre una carencia en la calidad de la atención que brindan las obras sociales y las prepagas en materia de salud mental. Por eso creó la comunidad Empesares, que se dedica a orientar a personas en peligro y a sus familiares para que accedan a tratamientos psicológicos gratuitos. La cuenta de Instagram de este nuevo proyecto ya tiene más de 91.000 seguidores.

La mejor forma de evitar suicidios es hablando del tema de manera responsable.

  • DÓNDE BUSCAR AYUDA

Línea 135

El Centro de Atención al Suicida (CAS) atiende 18 horas diarias de forma gratuita. La técnica utilizada es la “escucha activa”, con intervenciones orientadas a que el consultante pueda hablar. Los números (011) 5275-1135 o 0800 345 1435 son para todo el país.

Salud Mental Responde CABA

Es un dispositivo que brinda orientación telefónica de forma confidencial para residentes de la ciudad de Buenos Aires. Los teléfonos 4863-8888/48615586/4123-3120 funcionan de lunes a viernes de 8 a 20. Además, se puede llamar al 4123-3100 int. 3484/3485 los feriados, fines de semana y por la noche, de 20 a 8 hs.

S.O.S un Amigo Anónimo

Es una asociación sin fines de lucro que desde hace casi cinco décadas ofrece asistencia telefónica confidencial para personas que transitan alguna crisis emocional. Recibe llamadas por Skype (usuario: SOSUNAMIGOANONIMO). Además, tienen un teléfono de línea: (011) 4783-8888. Gracias a sus 30 voluntarios, funciona todos los días de 10 a 19 hs.

Asociación Argentina de Psiquiatras

Tienen una web donde facilitan la búsqueda de profesionales expertos. Además, se puede llamar al (011) 4331 5009.

Hospital Nacional en Red Especializado en Salud Mental y Adicciones Lic. Laura Bonaparte

Cuenta con un Comité de Emergencia que realiza entrevistas telefónicas para asesoramiento y contención, atendido por profesiones de salud mental. Los teléfonos son (011) 4305-0091 al 96, interno 2106. La primera consulta gratuita es por demanda espontánea presentándose sin turno de lunes a viernes 8 a 18, en Combate de los Pozos 2133, CABA.

Salud mental responde Hospital José T. Borda

Brinda orientación telefónica de forma confidencial a personas de CABA que requieran asistencia o acompañamiento de salud mental. El teléfono es: 4360-6670

Hospitales públicos

Algunos hospitales públicos con servicio de salud mental para niños y adolescentes son:

Ofrecen atención para adultos:

 

Referencias bibliográficas


* Adriana Gafos  y Karina Chavez  (Abogadas Penalistas)


Si desea participar de nuestra «Sección Doctrina», contáctenos aquí >>