
Por Jonatan Bregantic**
LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y LA CRISIS DEL LIBRE ALBEDRÍO*
I. Introducción
La palabra «dataísmo», como neologismo, suele ser usada para describir el desarrollo filosófico en torno a los avances de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC’s), en particular, la insipiencia de la inteligencia artificial (a continuación: «IA»). Aunque, se advierte una controversia filosófica en el modelo seguido por el dataísmo: ¿el modelo de la libertad o el modelo causal? Dos posturas totalmente inconmensurables.
Entonces, se propone la siguiente metodología: sentar las bases desde la exposición teórica de los modelos, el determinismo y el indeterminismo, de manera sucinta, para luego, pasar a la controversia filosófica con la siguiente interrogante disparadora: ¿el dataísmo niega el libre albedrío? Veamos.
II. Una aproximación a los modelos
Según el refrán no hay que poner el carro delante del caballo. Por ese motivo, es necesario desarrollar previamente algunas ideas. Aunque sea, una aproximación a los modelos del indeterminismo -o libre albedrío- y el determinismo causal. Ello servirá para comprender la disputa filosófica que surge del dataísmo.
a. El modelo determinista causal
Hospers correctamente señala que el determinismo es la opinión de que todo lo que sucede tiene una causa, aunque nada se dice si la causa es mental, física, de naturaleza inorgánica u orgánica, de la gente o de Dios [1]. Así es que la causa puede ser cualquier cosa. Vale decir que la palabra «determinismo» es cuanto menos bastante desafortunada. Al margen de ello, este trabajo se aduna a la corriente del determinismo causal y, por ese motivo, es la que se desarrollará a continuación.
La causalidad permite explicar y predecir los acontecimientos. La causalidad entonces no tiene forma de cadena como suele representarse, sino más bien, de red [2]. Dicho ello, se puede afirmar que el término «causalidad» es aquel empleado para la selección de una condición a la que se le atribuye determinada relevancia por sobre otras [3]. Huelga destacar que la causa nunca viene después del efecto [4] y que la conexión necesaria entre condiciones es de carácter descriptivo, jamás prescriptivo [5].
Las condiciones suelen clasificarse en necesarias y suficientes. Las condiciones necesarias son aquellas que, en ausencia de las mismas, el suceso no ocurre. Es decir, que la condición necesaria es uno de los factores causales, pero no la causa [6]. Por otro lado, las condiciones suficientes son aquellas que para que se dé el suceso invariablemente deben ocurrir. Dicho de otra forma, invariablemente siempre que ocurra «C», sucede «E» [7]. Hospers adopta el significado de «causa» de esta última propuesta, como «condición suficiente» [8].
Huelga decir que la causalidad no es una fuerza en sí misma, sino que, como constructo basado en la observación y en decisiones metodológicas, está pensada para interpretar los fenómenos del universo, ya sean pasados, presentes o futuros. Hospers sostiene que el principio causal universal nunca puede ser refutado dado que el descubrimiento de más causas se toma como confirmante, pero, el fracaso en encontrarlas no preocupa para nada [9]. Ello, porque cada suceso particular es irrepetible. Cierra la idea al afirmar que la causalidad es una proposición sintética ya que todo suceso, además de ser meramente tal, es también un efecto de algo, en otras palabras, fue causado por algo, aunque aclara el autor, el conocimiento de las causas y efectos es a su vez empírico [10]. Así, puede caracterizarse sucintamente el determinismo causal.
b. El modelo libre albedristra
En la vereda de enfrente espera el modelo rival: el indeterminismo. Aunque, este modelo no está libre también de matices. Entonces, el indeterminismo va negar que todo lo que sucede tiene una causa. Seguramente, para la mayoría de los acontecimientos universales se encuentre a favor de la causalidad universal, pero, encuentra la excepción, el hueco, la burbuja o la porosidad en el ser humano. Según Hospers, el indeterminista debe negar el principio causal para hacer un hueco para la libertad ya que, sin tal negación, la libertad humana no sería posible [11].
Igualmente, no cualquier conducta del ser humano queda abarcada por la gracia del libre albedrío. El libre albedrío o voluntad libre, sostienen, es una cualidad que distingue únicamente a la especie humana de otros animales [12]. Entonces, se lo entiende como la capacidad compleja de decidir o elegir traducida en la conducta correspondiente. De todas formas, no cualquier decisión o acción constituye ejercicio del libre albedrío.
No es ocioso señalar que la relevancia del libre albedrío radica en la responsabilidad o el reproche moral. Es decir, el plano deontológico del cual no pretendo extenderme, aunque, vale decir, por ejemplo, que el concepto central de atribución de la responsabilidad criminal de la Teoría General del Delito y la Pena se basa también en la persona libre.
Tal como dije, no cualquier conducta es catalogada libre. Existe entonces conductas que son excluidas: las involuntarias o no intencionales que el agente lleva a cabo sin ser consciente y las realizadas ante ausencia de alternativas. La respiración entonces no es una acción libre dado que no puede ser evitada. Así se concluye que la existencia de alternativas es también condición necesaria de acciones libres [13]. Haciendo paralelismo con el Derecho Penal, se recordará que se excluye de responsabilidad penal los supuestos de fuerza física irresistible y de estado de necesidad exculpante. Ello implica la racionalización desde el Derecho de la doctrina de la libertad.
También quedan excluidas aquellas conductas arbitrarias o carentes de razones. Dicho de otra forma, que se exige cierta racionalidad. De igual modo, quedan excluidas las conductas resultantes de fuerzas ajenas al sujeto, como manipulación psicológica. En resumen, para hablar de conductas libres se requiere voluntariedad, posibilidades alternativas, racionalidad y autoría.
El indeterminismo advierte otro agujero en la red causal: la disputa del azar y la suerte. Prefiero desdoblar estos conceptos, ahora explicaré la razón. Según el indeterminismo, algunos sucesos ocurren simplemente por azar. El concepto de suerte se construye sobre el de azar, pero, a diferencia de éste, es valorativo. Es decir, es positivo o negativo para alguien. Para Villar, el azar por sí mismo no califica para ser equiparado con la suerte, sólo aquello que afecta a las personas hace admisible el juicio valorativo [14]. Agrega que la suerte se asocia a lo inmerecido, a lo imprevisible e incontrolable, también, que tiene una nota de anormalidad [15]. Inclusive, desde el pensamiento teológico, también podría incluirse en esta categoría a los milagros.
Vale preguntarse, ¿cómo incide la suerte en las personas? La pregunta está dirigida hacia el libre albedrío. Por esa razón, conviene reformular: ¿la suerte afecta el ejercicio de la libertad en las personas? Según la visión indeterminista, la respuesta se debe contestar afirmativamente. Así, algunas personas nacen con determinado carácter, más belicoso o afable, también las circunstancias de crianza, e inclusive la socialización primaria y secundaria afectan las decisiones que adoptan las personas. En el Derecho Penal, por ejemplo, que como dije parte de la persona libre, las circunstancias del entorno o aquellas existentes al realizar la conducta son utilizadas para graduar el castigo una vez afirmada la responsabilidad.
Por eso, Villar nos introduce en la clasificación de la suerte moral [16]. Comienza con la suerte circunstancial que no es otra suerte por las alternativas en que la persona se encuentra a sí misma durante su vida. La suerte constitutiva es aquella que se refiere a la suerte por lo que el agente es como persona, por ejemplo, su carácter. La suerte causal, recae en la determinación del agente por circunstancias antecedentes. Es decir, cuando los actos dependen de circunstancias previas que los determinan. La suerte por los resultados, aquella que influye en relación a cómo resultan las cosas. Ello, por dar una clasificación general.
El indeterminismo blande su as bajo la manga: el principio de indeterminación formulado por el físico teórico alemán Heisenberg. Sucintamente, este principio establece la imposibilidad de determinar, según la física cuántica, simultáneamente y con precisión, ciertos pares de variables físicas, como son posición y momento lineal de una partícula. Cuanto mayor certeza exista en determinar la posición de una partícula, menos se conoce su momento lineal y, por lo tanto, su masa y velocidad. Esta es la carta ganadora del indeterminismo, con ello se pretende probar científicamente el azar [17].
Correctamente desde el determinismo se replica que, en realidad, la indeterminación de referencia se vincula a la observación, por lo tanto, se revela como dificultad técnica, en tanto que la causalidad es un marco teórico general independiente de la observación misma [18]. En definitiva, la causalidad interpreta los fenómenos con total independencia de los problemas técnicos que surjan de la observación.
Ahora bien, el determinismo va plantear las siguientes objeciones: sobre el libre albedrío la idea de ilusión de libertad mientras que, sobre azar, la ignorancia en las condiciones. La idea de libertad, entonces, para el determinista es una ilusión. Según Hospers, se puede elegir lo que uno desea o prefiere, pero, en un nivel más profundo no existe libertad en absoluto ya que las condiciones que son suficientes para la existencia de los deseos, elecciones, etc., siguen fuera del control de la persona y se hallan en condiciones suficientes que existen antes que la propia persona [19]. Si bien las causas de la voluntad no son identificables aun de modo suficientemente efectivo no significa que ésta sea incausada, sino más bien habla de un problema epistemológico en la observación. Por eso, la libertad es una ilusión.
Otro punto a resaltar es que si bien es cierto que la idea de libertad subyace en la mayoría de las religiones (por ejemplo, se advierte en el az mapu bajo la palabra mapuche «zugu», en el libro de Popol Wuj, en la cultura Nahuatl e inclusive en el budismo), la gracia del libre albedrío (sin entrar en debate de la omnipotencia de Dios y la predestinación) sólo se concede a personas, no animales. Ello, a pesar del raciocinio, sentimientos o hábitos que puedan tener inclusive si son similares a los humanos, como el caso de chimpancés. Entiendo que la idea de libertad es psicológicamente atractiva ya que enaltece la vanidad humana al decir que uno como persona está libre de cualquier esclavitud causal [20].
Siguiendo a Hospers, el azar puede caracterizarse de la siguiente forma: como ausencia de un plan [21], como ignorancia en las causas [22] o como probabilidad [23]. Al final, azar es el nombre que se le pone a la ignorancia sobre las condiciones.
III. El «dataísmo»: una disputa entre modelos
Las inquietudes propuestas si bien no son novedosas, si se caracterizan por la existencia de controversias técnicas y filosóficas. Aunque, advierto, tales disputas se corresponden más al plano filosófico que técnico, ya que se vinculan a la adopción de un modelo inconmensurable u otro. El modelo de la libertad o el modelo causal.
En definitiva, detrás de la IA se halla también el Big data, pero, aquello que le subyace en común es el concepto de algoritmo. Ciertamente, la idea de algoritmo es matemática y anterior a la propia informática. De hecho, en general, los algoritmos utilizados actualmente en la cibernética fueron concebidos hace más de medio siglo.
En su definición formal, se entiende que son secuencias ordenadas de instrucciones para resolver un cálculo o un problema abstracto, es decir, un conjunto finito de pasos y operaciones que permiten hallar una solución de salida a los datos de entrada de un problema [24]. Dicho ello, es necesario enunciar sus tres propiedades: tiempo secuencial, estado abstracto y exploración acotada. Ello significa que los algoritmos pueden ser cualquier cosa que funcione paso a paso, donde cada paso pueda ser descrito con precisión y sin hacer referencia a una computación en particular y con un límite fijo en cuanto a la cantidad de datos que pueden ser leídos o escritos en un solo paso [25]. Después, de manera sucinta se pueden clasificar según el sistema de signos: cualitativos [26], cuantitativos [27], computacionales [28] y no computacionales [29]. Según la función: dinámica [30], ordenamiento [31], búsqueda [32], backtracking (vuelta atrás) [33], branch and bound (ramificación y acotación) [34], marcaje [35] y encantamiento [36]. Y según la estrategia: probabilísticos [37], paralelos [38], divide & conquer (divide y vencerás) [39], determinísticos [40], no determinísticos [41], greedy (voraces) [42], heurísticos [43], cotidianos [44] y escalada [45].
Dicho ello, huelga recordar la interrogante inicial: ¿el dataísmo niega el libre albedrío? En esta instancia, es necesario descomponer la pregunta en sub-interrogantes más precisas para demostrar los problemas de coherencia interna del dataísmo según el modelo elegido.
Vale plantear entonces la primera cuestión: ¿La IA puede «comprender» algo por sí misma o puede «sentir»? Interrogante compleja ya que los verbos escogidos no son accidentales. Es cierto que tanto a los humanos como a los animales le es común tales características, aunque solamente los primeros gozarían de la gracia del libre albedrío mientras que para los segundos le es negada tal concesión ya que, se argumenta, únicamente responderían a estímulos. Dicho de otra forma, carecerían de raciocinio. Esto puede pensarse como una interpretación canonista de los textos de Aristóteles; mientras que los animales tendrían un alma sensitiva (sin mencionar el alma vegetativa, ya que no hace al caso), es decir, aquella que posibilita la interacción con el ambiente, las personas, tienen a su vez, un alma racional o actividad cognitiva y volitiva. La línea trazada entre las almas es la que da sustento a la inclusión o exclusión al libre albedrío que, como mencioné previamente, a su vez, tiene sus características propias.
Una corriente responde la interrogante por la negativa. Afirma que los algoritmos no se basan en el principio de la realidad, sino en la «apariencia de realidad». Indica, que, aunque los cálculos realizados sean rápidos, no significa que por eso exista una acción racional. Por otro lado, que la idea de unión de la máquina y el algoritmo para llevar a pensar y razonar autónomamente incluso a sentir sólo podría darse en apariencia, sin existencia del mundo físico real como un constructo mental del campo de la ficción [46]. Hasta ese punto, la respuesta representa la posición del determinismo que excluye incluso cualquier asimilación animista.
Esta posición negativa agrega que la IA es simplemente un eslogan o metáfora ya que el término inteligencia abarca no sólo la habilidad y destreza para almacenar gran cantidad de datos (Big data) y resolver problemas, sino la capacidad de conocimiento, el acto de entender y de comprensión del sentido de una proposición, dicho o expresión que, se define como «sustancia puramente espiritual» [47]. Aquí, surge una contradicción interna. Esta posición cruza sin escala del modelo determinista al modelo de la libertad al incluir el significado del alma racional aristotélica con el carácter esencialista.
Otra corriente responde la interrogante por la afirmativa, por lo menos, parcialmente. Afirma que los algoritmos que componen la IA se clasifican en: aprendizaje automático, procesamiento del lenguaje natural, diseño de sistemas expertos, visión artificial, reconocimiento del habla, planificación automática y robótica [48]. En base a ello, se argumenta que la IA actual significa el aprendizaje autónomo de las máquinas hasta el punto que se le toma como un rasgo o característica de ésta [49]. Se cita como ejemplo, el Google Duplex que, según se explica, se encuentra en su centro compuesto por una red neuronal construida empleando una plataforma de aprendizaje automática llamada Tensor Flow Extend (TFX) [50]. Otro ejemplo son los casos de los androides con personalidad digital, v. gr., el humanoide Sophia que en 2017 fue declarada ciudadana de Arabia Saudita. Este androide tiene alrededor de 62 expresiones faciales que son usadas cada una de ellas en contexto y según la conversación. Incluso, se afirma, reconoce a las personas con las que está hablando y se ha llegado a pensar que tiene su propia personalidad [51].
Esta posición combina, por un lado, el animismo, al conferir a un ente inanimado como es un androide características animadas como es, por ejemplo, la personalidad; por el otro, se incluyen características del modelo de la libertad. La idea de aprendizaje autónomo configurado como racionalidad -sustentado en algunos casos en una red neuronal cibernética- y expresiones faciales vinculadas a los contextos comunicacionales -y lógicamente, a respuestas sentimentales esperables en la interacción con el interlocutor- pretenden propiciar al androide de alma racional y, en consecuencia, libertad. Aunque, en este caso, la adopción del modelo libre albedrista tiene una incoherencia interna que se verá a continuación.
Entonces, en el supuesto de afirmación de la interrogante anterior, huelga formular una nueva: ¿la IA podría ser libre? Lógicamente, el determinismo lo negaría, pero, ¿qué ocurre con el modelo de la libertad? Antes de abordar la pregunta conviene recordar entonces los requisitos del libre albedrío: voluntariedad, posibilidades alternativas, racionalidad y autoría.
La posición a) podría sostener que en la medida en que los algoritmos sean configurados de manera autonómica para que la IA pueda actuar mediante procesos racionales que le permita tener alternativas sin la concurrencia de fuerzas o manipulaciones, no habría inconveniente en la afirmación.
La posición b) replicaría que los algoritmos son secuencias ordenadas de instrucciones para resolver cálculos o problemas abstractos, son pensados y configurados por personas. Por esa razón, no podría hablarse de procesamientos racionales auténticos, sino tan sólo de la apariencia de ellos, ergo, tampoco existirían alternativas. Siendo los algoritmos creados por personas para una determinada finalidad, por más aprendizaje autonómico que se pretenda, no podría sortearse nunca el requisito de la falta de manipulación ya que, por definición, los algoritmos son manipulados arbitrariamente -de ahí su falibilidad- para una determinada finalidad [52].
Todo ello al margen de que el libre albedrío guarda una estrecha vinculación religiosa. La gracia de la libertad está reservada únicamente para el ser humano, quien, a pesar de eso, sostiene este modelo, actúa aun predestinado por la omnipotencia de Dios.
En resumen, la posición a) afirmaría la libertad de la IA mientras que, la posición b), la negaría.
Ello, nos introduce al siguiente interrogante: ¿la IA niega el libre albedrío? O, dicho de otra forma: ¿la IA determina a las personas? Estas preguntas se pueden abordar desde el modelo de la libertad desde dos posiciones diferentes, aunque no son de interés para el determinismo.
La posición c), afirma las interrogantes. Seguramente, es la postura mayoritaria del libre albedrío. Entienden que, la utilización de los algoritmos y la experiencia de la IA conlleva a la necesaria negación de la libertad. Ello, porque las personas son determinadas por los algoritmos al punto que pierden su capacidad de elegir (alternativas). El ejemplo usual propuesto es el de aquellas personas que mientras navegan en internet son expuestas a publicidades o anuncios no esperados, pero, que integran su as de preferencias o gustos. Básicamente, las personas pierden así su capacidad de elegir ya que la IA elige por uno.
No son pocas las voces que se han alzado advirtiendo las posibles consecuencias catastróficas para la democracia por la manipulación de los electores en los comicios por parte de la IA.
La posición d) considera poco convincente esa idea. Liminarmente, porque entiende que los algoritmos ingresan información, ya sea de manera voluntaria o involuntaria, de las personas para crear una experiencia altamente personalizada. Esta experiencia se llama microtargeting o micro segmentación del público. En definitiva, se muestra a las personas aquello que ya ha sido buscado previamente o que ha sido catalogado como de su interés.
Entonces, la objeción radica en la reafirmación de la posibilidad de elegir (alternativas) de la persona. Así, el ingreso de información en el algoritmo es un acto libre, si bien la acción no fue realizada con esa finalidad específica. Ello, sin perjuicio de la información involuntaria que igual es ingresada. Cuando alguien, por ejemplo, realiza búsquedas en Google, YouTube, etc., está ingresando información. Ahora, los me gusta, el tiempo, la perduración o la insistencia en la búsqueda o en los resultados obtenidos son a su vez, también información. Todos esos datos ingresados, conservados y procesados (Big data) tienen entre otros resultados la predicción de propuestas similares. Es decir, a la persona se le brindan una multiplicidad de alternativas que coinciden con su perfil específico. El click final o no sobre estas alternativas es competencia de la persona. Por lo tanto, en todos los eslabones, según esta posición, la persona sería libre.
Máxime, teniendo en cuenta, que los algoritmos están regidos por el principio de respeto a la autonomía humana; principio que garantiza el respeto de la libertad y la autonomía de los seres humanos [53]. La sola existencia de este principio importa la decantación por el modelo de la libertad.
Tal como dije previamente, este trabajo se aduna al determinismo causal. Entonces, vale plantear una última interrogante, ¿la IA predice conductas humanas? Esta posición reniega de la disputa de la libertad de la IA, ya que, entiende que los algoritmos -así en plural- interpretan (al manifestar, visibilizar y predecir), en cierta forma, el tejido causal. Si bien se coincide con el modelo de la libertad, en su posición d), en que los algoritmos ingresan información y, simplificando el contenido técnico, resuelven o crean experiencias personalizadas según el perfil de cada persona, esto nada tiene que ver con la libertad humana.
La operación de los algoritmos, según el caso, interpreta condiciones, ya sea mediante la identificación o visibilización de condiciones -psicológicas [54] o no- de las personas de manera más constante, lo que les permite entonces ser predictivos, v. gr., en gustos y otras interacciones. Es decir, permiten visibilizar y predecir -de manera más o menos precisa- la conducta humana que, no es otra cosa que advertir cierto segmento de la red causal. Claramente, las predicciones -característica epistemológica de la causalidad- son acotadas y altamente falibles. De cualquier forma, vale decir, que la alegoría de red causal es en sí misma algo desafortunada ya que, por definición, una red es una malla formada por el entrecruzamiento de filamentos. Es decir, su estructura tiene agujeros. Ese objeto representando la causalidad en franca oposición a la doctrina libre albedrista no es afortunado dado que bueno, ésta acusa la existencia de agujeros en la causalidad, v. gr., la libertad, el azar, etc.
IV. Palabras finales
Este trabajo parte de la interrogante disparadora: «¿el dataísmo niega el libre albedrío?», que, posteriormente, se descompone en otras sub-interrogantes. Previo a ello, se exponen los conceptos de causalidad, determinismo e indeterminismo.
Tal como he dicho, la visión propuesta se aduna al modelo determinista causal, entonces, huelga cuestionarse sobre el profuso desarrollo vinculado a la tesis del modelo libre albedrista. Dicho de otra forma, ¿sí se defiende el modelo determinista causal por qué se reflexiona acerca del libre albedrío? Según lo desarrollado, el «dataísmo» ha sido concebido desde el modelo de la libertad. La ética dataísta esté regida, entre otros, por el principio de la autonomía humana y ello solamente puede admitirse desde el modelo libre albedrista. Por ello, es que corresponde examinar y poner en jaque la coherencia interna de la libertad.
Dicho ello, se plantea la primera sub-interrogante: ¿La IA puede «comprender» algo por sí misma o puede «sentir»? El determinismo, contesta por la negativa, pero, del desarrollo teorético se advierten incoherencias internas y caracterizaciones propias del modelo de la libertad, del esencialismo aristotélico y del animismo. Ahora bien, la corriente opuesta, contesta por la afirmativa.
Exclusivamente desde el modelo libre albedrista se formulan las siguientes sub-interrogantes: ¿la IA podría ser libre? Y, ¿qué ocurre con el modelo de la libertad? Así, una posición responde por la afirmativa mientras que otra, por la negativa.
Nuevamente, desde la libertad se plantea: ¿la IA niega el libre albedrío? O, dicho de otra forma: ¿la IA determina a las personas? En este punto, se reitera el esquema antes visto: una posición afirma mientras que otra niega.
Tal como se ha demostrado, no existe una única visión libre albedrista sobre la IA, aunque, también se advierten serias contradicciones internas entre las posiciones.
Finalmente, desde el determinismo se enuncia la última sub-interrogante: ¿la IA predice conductas humanas? Vale decir que si bien es acertado pensar que la visión determinista aquí defendida torna inútiles las preguntas vinculas a la libertad y personalidad, lo cierto es que, tal como he dicho, su tratamiento era necesario para poner en jaque la coherencia interna de la libertad.
Entonces, al contestar la última sub-interrogante se resalta que la corriente aquí defendida niega la idea de agujeros o porosidades en el tejido causal propia del modelo de la libertad. Lo que consecuentemente, lleva a negar también la posibilidad de libertad de la IA, aunque el dataísmo se haya construido sobre este modelo. Desde la visión determinista, se destaca la interpretación de las condiciones por parte de la IA, consecuencial del ingreso de información a los algoritmos que, en definitiva, permiten visibilizar y predecir -característica epistemológica- algunas condiciones de manera acotada y falible.
Sin importar el profuso avance de la IA y del conocimiento científico, la vastedad y complejidad de la totalidad de las condiciones, pasadas, presentes y futuras, descarta la posibilidad de que las mismas sean visibilizadas o predichas; en otras palabras, el dataísmo no podría forjar otro Demonio de Laplace ya que, sin perjuicio que sea una mera abstracción explicativa, esa pretensión significaría cubrir de visos metafísicos e irracionales al constructo causal.
Notas
[1] Hospers, John, Introducción al análisis filosófico, T. 1, Ed. Alianza Universidad, Madrid, 1980, p. 401
[2] Guibourg, Ricardo, La construcción del pensamiento. Decisiones metodológicas, Ed. Colihue Universidad, Buenos Aires, 2006, p. 78.
[3] Ibídem, p. 79.
[4] Hospers, John, Introducción al análisis filosófico, T. 1, ob. cit., p. 351.
[5] Ibídem, pp. 355-356.
[6] Ibídem, p. 365.
[7] Ibídem, p. 364.
[8] Ibídem, p. 384.
[9] Ibídem, p. 387.
[10] Ibídem, p. 393.
[11] Ibídem, p. 406.
[12] Moya, Carlos J., Libre Albedrío, Enciclopedia de la Sociedad Española de Filosofía Analítica, 2018, p. 1 (URL: http://www.sefaweb.es/libre-albedrio/).
[13] Ibídem, p. 2.
[14] Villar, Mario, Suerte penal. Un estudio acerca de la interferencia de la suerte en los sistemas de imputación, Ed. Didot, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2016, p. 24.
[15] Ídem.
[16] Ibídem, pp. 27-28.
[17] El indeterminismo afirma encontrar otro hueco argumental. Sí todo es causado, ¿qué hay entonces antes de la primera decisión? Según su visión: nada, lo que engancha al determinismo con el indeterminismo (Hospers, John, Introducción al análisis filosófico, T. 1, ob. cit., p. 421). Entonces, el determinismo carece de la condición original. Al quitarle el tinte metafísico al inicio del universo, lo que queda es otro supuesto de ignorancia en las condiciones. Actualmente, coexisten sendas teorías que pretenden explicar el origen del universo, v. gr., el big bang, dentro de la cosmología física. Otras, vaticinada como la teoría del todo; aunque, la ciencia actual aún no se encuentra en circunstancias para dar respuesta certera al misterio del origen del universo.
[18] Guibourg, Ricardo, La construcción del pensamiento. Decisiones metodológicas, ob. cit., p. 90.
[19] Hospers, John, Introducción al análisis filosófico, T. 1, ob. cit., p. 420.
[20] Guibourg, Ricardo, La construcción del pensamiento. Decisiones metodológicas, ob. cit., p. 92.
[21] Hospers, John, Introducción al análisis filosófico, T. 1, ob. cit., p. 407.
[22] Ídem.
[23] Ibídem, p. 408.
[24] Tejero, Emilio, Algoritmos. El totalitarismo determinista que se avecina, ¿La pérdida final de libertad?, Revista de Pensamiento Estratégico y Seguridad CISDE, N° 5, Sevilla, 2020, p. 87.
[25] Ibídem, p. 88.
[26] Cualitativos: son aquellos en los que se describen los pasos utilizando elementos verbales -palabras- ejecutados por personas (Ibídem).
[27] Cuantitativos: son aquellos en los que se utilizan cálculos numéricos para definir los pasos del proceso y los ejecuta un ordenados o computadora (Ibídem).
[28] Computacionales: son aquellos que se hacen con una computadora y también pueden ser algoritmos cuantitativos que se optimizan (Ibídem).
[29] No computacionales: son aquellos que no pueden realizarse con una computadora (Ibídem).
[30] Dinámica: se utilizan para optimizar problemas complejos, es un método para reducir el tiempo de ejecución mediante la utilización de sub-problemas superpuestos y sub-estructuras óptimas (Ibídem, p. 89).
[31] Ordenamiento: son aquellas instrucciones que enumeran los elementos. Es un algoritmo estricto donde no se puede saltar de un número a otro, porque el resultado final puede ser diferente al esperado (Ibídem).
[32] Búsqueda: se encarga desde una data, elementos. Está diseñado para seleccionar un elemento específico que cumpla con un perfil establecido con ciertas propiedades dentro de una estructura de datos (Ibídem).
[33] Backtracking (vuelta atrás): es un procedimiento recursivo (proceso que se aplica de nuevo al resultado de haberlo aplicado previamente) (Ibídem).
[34] Branch and bound (ramificación y acotación): variante del Backtracking que se aplica para resolver cuestiones o problemas de optimización representado, en la construcción de las soluciones, por un árbol, detectando en qué ramificación las soluciones dadas no están siendo óptimas, para «podar» esa rama del árbol y no malgastar recursos y procesos en los casos que no suponen o se alejan de la solución óptima (Ibídem).
[35] Marcaje: se utiliza la automatización para fijar precios de elementos, de forma dinámica, basándose en factores como la maximización de la ganancia, el comportamiento del cliente o la determinación de la oferta, pudiendo ser optimizados continuamente con pruebas (Ibídem)
[36] Encantamiento: son aquellos pasos enlazados, para transmitir una información al público (Ibídem).
[37] Probabilísticos: se opta por la elección en función de valores pseudo-aleatorios, si se tiene un problema cuya elección óptima es demasiado costosa frente a la decisión aleatoria, obteniendo una solución en promedio (Ibídem).
[38] Paralelos: permiten la división de un problema en etapas (sub-problemas), de forma que se puedan ejecutar de forma simultánea en varios procesadores, buscando un resultado factible para cada etapa en que se divide el problema (Ibídem).
[39] Divide & conquer (divide y vencerás): dividen el problema en subconjuntos disjuntos (que no tienen ningún elemento común), obteniendo una solución para cada uno de ellos, uniéndolas, después, para lograr una solución al problema completo (Ibídem, pp. 89-90).
[40] Determinísticos: extrae siempre la misma salida para una entrada dada. Son predictivos, el comportamiento es lineal (cada paso tiene únicamente uno antecesor y uno sucesor), describiendo, el algoritmo, explícitamente siempre, cómo la salida se obtiene de la entrada, mientras que las funciones, por la misma secuencia de estados, definen implícitamente la salida (Ibídem, p. 90).
[41] No determinísticos: el comportamiento tiene forma de árbol con bifurcaciones de tal modo que, a cada paso, puede bifurcarse a cualquier número de pasos inmediatamente posteriores, ejecutándose todas las ramas simultáneamente (Ibídem).
[42] Greedy (voraces): suele selecciona los elementos del conjunto de candidatos en un determinado orden hasta encontrar una solución; es decir, calcula la solución tomando en cada paso la opción más prometedora. En la mayoría de los casos no es la solución óptima (Ibídem).
[43] Heurísticos: encuentra soluciones aproximadas, no óptimas, basadas en resultados anteriores de los mismos, llamado, a veces, experiencia (Ibídem).
[44] Cotidianos. es el algoritmo más simple y también el más usado, ya que se basa en la cotidianidad de las personas y en su rutina diaria (Ibídem).
[45] Escalada: inicia con soluciones insatisfactorias y a medida que los errores se corrigen, va escalando hasta llegar al resultado correcto (Ibídem).
[46] Ibídem, p. 91.
[47] Ibídem, p. 92.
[48] Álvarez Larrondo, Federico, El nuevo «Derecho Artificial». Desafíos para el derecho en general en Inteligencia Artificial y Derecho, Federico Álvarez Larrondo -Director-, Ed. Hammurabi, Buenos Aires, 2020, pp. 58-59.
[49] Ibídem, p. 59.
[50] Ibídem, p. 54.
[51] Ibídem, p. 94.
[52] El ChatGPT (Chat Generative Pre-Trained Transformer) es un chatbot basado en el modelo de lenguaje por Inteligencia Artificial GPT-3.5, que fue desarrollado por la empresa OpenAI y se especializa en el diálogo. Ante la pregunta: «¿Tienes libre albedrío?», el ChatGPT, responde: “No, no tengo libre albedrío. Soy un modelo de aprendizaje automático creado por OpenAI y mis respuestas se genera en función de patrones en los datos con los que me entrené. No poseo conciencia, autoconciencia ni la capacidad de tomar decisiones independientes. Mis respuestas están determinadas por la información que recibo y los algoritmos que procesan esa información”. Ahora, ante una nueva interrogante: «¿Eres libre?», contesta: “No soy libre en el sentido de tener autonomía o conciencia personal (…) Si bien los usuarios pueden interactuar conmigo a través de varias plataformas, esas interacciones se ven facilitadas por la tecnología y los servicios proporcionados por OpenAI (…)”. Entonces, se puede decir que el ChatGPT está programado para negar su propia libertad.
[53] Ibídem, p. 66.
[54] La Universidad Nacional de Singapur está buscando desarrollar una tecnología que permita a la Inteligencia Artificial leer la mente de las personas a través de una resonancia magnética (fMRI) donde se escaneará el cerebro. La idea llevada adelante es que una computadora pueda leer los pensamientos y recrear las imágenes que las personas están viendo. Según los investigadores, se trata de una máquina de resonancia magnética llamada MinD-Vis, que escanea los cerebros de los participantes y podrá decodificar los resultados (Fuente: Cómo funciona la inteligencia artificial que puede “leer” la mente - Infobae).
Bibliografía
- ÁLVAREZ LARRONDO, Federico (Director), Inteligencia Artificial y Derecho, Ed. Hammurabi, Buenos Aires, 2020.
- GUIBOURG, Ricardo, La construcción del pensamiento. Decisiones metodológicas, Ed. Colihue Universidad, Buenos Aires, 2006.
- HOSPERS, John, Introducción al análisis filosófico, T. 1, Ed. Alianza Universidad, Madrid, 1980.
- MOYA, Carlos J., Libre Albedrío, Enciclopedia de la Sociedad Española de Filosofía Analítica, 2018.
- TEJERO, Emilio, Algoritmos. El totalitarismo determinista que se avecina, ¿La pérdida final de libertad?, Revista de Pensamiento Estratégico y Seguridad CISDE, N° 5, Sevilla, 2020.
- VILLAR, Mario, Suerte penal. Un estudio acerca de la interferencia de la suerte en los sistemas de imputación, Ed. Didot, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2016.
(*) Versión in extenso del trabajo final presentado en el curso de Doctorado «Introducción a la Epistemología» a cargo del Dr. Ricardo A. Guibourg, en primer semestre del 2023, calificado con nota nueve. Agradezco al Dr. Ricardo A. Guibourg por las atentas observaciones realizadas.
(**) Estudios de Doctorado y de Carrera Docente (ambos en cursada), Especialista en Derecho Penal, Abogado con Diploma de Honor, Procurador y Bachiller Universitario en Derecho (Universidad de Buenos Aires, Facultad de Derecho y Ciencias Sociales). Especialista en Justicia Constitucional y Derechos Humanos orientado en Derecho Constitucional y Derecho Procesal Constitucional (Alma mater studiorum - Università di Bologna). Sendos cursos de posgrado sobre Derecho Penal y Derecho Constitucional, Procesal Constitucional y Derecho Convencional (Universidad de Buenos Aires, Facultad de Derecho y Ciencias Sociales; Universidad Nacional del Chaco Austral y Universidad de Mar del Plata, Facultad de Derecho). Ayudante de segunda por concurso de mérito y oposición de la materia Teoría del Delito y Sistema de la Pena (cátedra Mario Villar, a cargo de Andrés Falcone en la Universidad de Buenos Aires, Facultad de Derecho y Ciencias Sociales).
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