
Por Sergio Benaroya
LATENCIA INFANTIL, FUNCIÓN PARENTAL Y CULTURA ACTUAL: CONSIDERACIONES PARA LA PRÁCTICA PERICIAL EN LOS JUZGADOS DE FAMILIA
El presente trabajo surge como consecuencia del disparador que ha sido la excelente exposición del Dr. Joseph Knobel Freud en la Sesión Científica "La Latencia en la Posmodernidad", de la ASOCIACION PSICOANALÍTICA MEXICANA del 7 de febrero de 2026, con la Coordinación de la Dra. Dolores Montilla, Mtra. Carolina González y Mtra. Sofía Nahmad, la que me ha permitido llevar al campo de mi especialidad (el derecho) las enseñanzas del experto.
En los procesos tramitados ante los juzgados de familia, las pericias psicológicas sobre niños, niñas y adolescentes suelen girar en torno a preguntas sobre cuidado, capacidad parental, impacto de los conflictos conyugales y eventuales situaciones de violencia. En este contexto, la noción de latencia infantil adquiere un valor clínico y jurídico particular, en tanto remite a las condiciones psíquicas necesarias para el aprendizaje, la socialización y la organización interna del niño en la etapa escolar. El presente trabajo propone articular el concepto de latencia con ciertas configuraciones familiares y culturales contemporáneas, con el objetivo de afinar la mirada pericial sin adherir explícitamente a un único autor o enfoque.
1. La latencia como organización psíquica y no solo como período etario
Tradicionalmente se ha descrito la latencia como la etapa posterior a los primeros conflictos edípicos y previa a la pubertad, en la que la sexualidad infantil pierde intensidad manifiesta y la energía psíquica se pone al servicio del aprendizaje, el juego reglado y los vínculos extrafamiliares. Sin embargo, más que un simple tramo cronológico, puede pensarse como un “trabajo de latencia”: un proceso mediante el cual el niño logra cierta represión de la sexualidad infantil y elabora sus conflictos tempranos, generando un espacio interno de relativa calma que habilita el desarrollo intelectual y social.
En la práctica pericial, esto invita a preguntarse no solo por la edad del niño, sino por la calidad de su vida interna: si puede concentrarse, jugar de manera creativa, tener secretos propios y separarse psíquicamente de las tensiones del mundo adulto. Cuando esta organización está seriamente comprometida, los síntomas conductuales (hiperactividad, desatención, acting-outs) frecuentemente son leídos como “trastornos” aislados, sin considerar que pueden ser expresión de una latencia no instalada o de una pseudolatencia frágil.
2. Función parental, diferencia generacional y ley
Un aspecto central para comprender las condiciones de la latencia es la diferencia generacional: el niño necesita experimentar que hay adultos y hay niños, y que los primeros ocupan un lugar de responsabilidad, cuidado y establecimiento de límites. En muchos contextos actuales, se observan figuras parentales fuertemente “adolescentizadas”, que se aproximan al hijo más como par, aliado o compañero que como adulto capaz de poner ley y tolerar la frustración que esto genera.
En los expedientes de familia, este fenómeno se plasma en padres que desautorizan sistemáticamente a docentes, que temen aplicar sanciones mínimas o que “negocian” cada límite como si se tratara de un vínculo entre iguales. Desde una perspectiva pericial, interesa menos la adscripción a modelos familiares específicos (monoparentales, homoparentales, etc.) y más la presencia o ausencia de una función de ley: alguien que pueda decir “no”, sostener ese “no” y al mismo tiempo ofrecer un clima de sostén afectivo suficiente. Sin esa articulación entre cuidado y límite, la latencia difícilmente se consolida.
3. Cultura de la hipersexualización y obstáculos para la latencia
La cultura contemporánea se caracteriza por una marcada exposición temprana de los niños a contenidos sexuales: televisión, plataformas de streaming, redes sociales, videojuegos, publicidad y consumo digital en general introducen escenas y discursos que, anteriormente, estaban más velados o acotados al mundo adulto. Esta hipersexualización dificulta el “reposo” relativo de la sexualidad infantil que la latencia requiere, manteniendo al niño en un estado de alerta pulsional permanente.
En términos periciales, esto se observa en niños de corta edad que manejan información sexual explícita, reproducen conductas de fuerte carga erótica en contextos escolares o familiares, o presentan preocupaciones constantes en torno a su cuerpo y el de los adultos. Es importante diferenciar entre:
En este último caso, aun en ausencia de contacto físico directo, puede hablarse de vulneración grave del espacio necesario para la latencia.
4. Configuraciones familiares que interfieren con la latencia
Determinadas prácticas familiares contemporáneas, muchas veces promovidas como “crianza respetuosa” o “nuevas parentalidades”, pueden, sin proponérselo, obstaculizar el trabajo de latencia. Entre ellas, se destacan:
En una pericia, estas prácticas no deben ser evaluadas solo desde parámetros morales, sino analizadas en su efecto estructurante o desestructurante sobre la organización psíquica del niño.
5. Implicancias para la evaluación pericial en juzgados de familia
En el contexto forense, la psicología se ve invitada a traducir estos conceptos en categorías observables y comunicables al lenguaje jurídico. Algunas líneas de trabajo posibles son:
Esto permite que el informe pericial vaya más allá del etiquetado diagnóstico y ofrezca al juzgado una lectura más fina de las condiciones de desarrollo que cada propuesta de guarda, cuidado o régimen de comunicación efectivamente ofrece.
6. Límites y posibilidades del enfoque en sede judicial
Es necesario reconocer las limitaciones de este enfoque en el ámbito de los juzgados de familia. Las decisiones judiciales se rigen por plazos acotados, exigencias probatorias y marcos normativos que no siempre permiten desplegar la complejidad de la dinámica psíquica. Sin embargo, incorporar la perspectiva de la latencia y de la diferencia generacional puede enriquecer la fundamentación de informes y recomendaciones, especialmente cuando se trata de ponderar la exposición del niño a situaciones de hipersexualización, adultización o ausencia de ley.
Asimismo, la dimensión preventiva es relevante: una pericia que describa fallas serias en la instalación de la latencia puede orientar al tribunal no solo en la distribución de responsabilidades parentales, sino también en la indicación de tratamientos psicológicos, dispositivos de orientación a padres y medidas de protección más amplias.
Pensar la infancia escolar desde la noción de latencia, articulada con función parental y cultura, permite al perito no reducir su tarea a la constatación de síntomas aislados, sino situarlos en una economía psíquica más amplia. En el ámbito de los juzgados de familia, este enfoque ofrece herramientas para valorar en qué medida cada configuración familiar favorece o impide la construcción de un espacio interno donde el niño pueda aprender, jugar, fantasear y separarse del mundo adulto, condiciones básicas para un desarrollo menos vulnerado y para una adolescencia futura menos marcada por el acting-out y la desorganización.
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